Las empresas multiplican su producción con IA y generan riqueza récord, pero la población desplazada (Foro Económico Mundial, 2025) no tiene ingresos para comprar lo que estas empresas producen. Así, las ventas caen de forma dramática, y con ello muchas empresas medianas quiebran.
Esta situación lleva a los Estados a intervenir - no por convicción política - sino por simple sostenibilidad de la sociedad como la conocemos. Se imponen gravámenes a las compañías que reemplazaron trabajo humano por sistemas automatizados, y esa recaudación financia un ingreso básico universal. Las corporaciones terminan pagando impuestos para sostener a sus propios clientes. El eje del debate ya no está en la política partidista, sino en quienes defienden la redistribución de la productividad contra quienes aceptan el colapso del sistema.
El modelo no resuelve todos los problemas. Con una población entera recibiendo un ingreso garantizado, se genera una importante presión inflacionaria. Por otro lado, el Estado, convertido en la fuente de subsistencia de la mayoría de la población, adquiere un poder inédito sobre los ciudadanos. Se llega así a un mundo de una profunda dependencia del sector público.
